lunes, 6 de diciembre de 2010

Alonso Ovalle con Arturo Prat

Reitero. Mirar al cielo puede producirnos toda suerte de sorpresas. Lo recomiendo. Y la foto es una muestra, una especie de Van Gogh del barrio. Uno de los edificios es una extraña y enorme bodega que, parece, alberga mueblerías. Y el otro, ni más ni menos que el instituto nacional. Las minúsculas no son un error. Abajo, en esa esquina, una de las entradas del Mall Chino.

jueves, 28 de octubre de 2010

Verdulería

Recuerdo el caso del vendedor de frutos secos, que tenía un local San Diego, casi llegando a Condor. Además de frutos secos vendía quesos y parece que le iba bastante bien, gracias a lo que podría calificarse como “simpatía sin igual”. Lo vi jactarse de sus aventuras sexuales. Yo por esa época, luego de finiquitar una larga relación, andaba como alma en pena. Por supuesto, su fanfarronería me afectaba. Con el tiempo lo vi decaer. No porque yo lo pidiera, evidentemente. El tipo era muy buen chato y cuando le compraba queso, siempre atendía con un chiste y, además, era muy generoso. Te echaba una yapa o te regalaba una bolsa de aceitunas, cosas así.

Vendía comida para gatos, además. Recuerdo muchos gatos, no sé si todos de él, comiendo de sus enormes sacos. Se notaba feliz de sus gatos, comentaba cosas como “esa de ahí anda preñá del colorin” o “ese no, pura pelea, por eso tiene el ojo malo”, etc.

Insisto con la decadencia, porque la decadencia del sujeto pareció tener un origen sexual, específicamente venéreo. La ultima vez que entré a su local estaba detrás del mostrador, apagado, gris y pareció no reconocerme. La cara la tenía llena de enormes granos. Estaba más flaco. Después lo vi saliendo de un café con piernas. Y de un día para otro, desapareció del sector. Es muy posible que esté muerto. Ahora su local es ocupado por una verdulería, con otros dueños. La foto que adjunto, de todas maneras tiene un gato en primer plano.

martes, 12 de octubre de 2010

Los cielos de San Diego


A veces es posible ver cielos magníficos en lugares tan inesperados como “la ciudad”, en su mismo centro, que es como en el centro de su locura. Allí, semi tapado por edificios es posible contemplar trozos enormes de cielo. Hay que estar atento. Hay que mirar hacia arriba a veces. Como esta foto que adjunto, tomada en las esquinas de Tarapacá con Zenteno, afuera del café con piernas “Venus”, y muy cerca del Normandíe.

viernes, 1 de octubre de 2010

Consultorio 1


En las intersecciones de Nataniel con Copiapó se encuentra el Consultorio 1. Es un lugar lúgubre. No recuerdo haber entrado. Pero al menos una vez a la semana paso por afuera de su puerta: vengo de vuelta de la cancha. Siempre hay carabineros cerca. Es un lugar al que van a caer los heridos del barrio, de los más diversos tipos. Es muy corriente ver jugosos durante el 18. Este 18 justamente me tocó ver a un tipo acuchillado, al que bajaban de un furgón. Afuera eran tres furgones y 4 patrullas. Supongo que los traían del parque O’higgins. La foto que adjunto muestra su aspecto.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Espere su turno


En el barrio San Diego hay bastante graffiti y la derivación natural del graffiti que es la pintura de murales. Alguien dirá que sobreinterpreto la evolución del arte callejero y concedo que es verdad. Pero una cosa es clara: ir por el barrio San Diego es encontrarse con una explosión de colores. Muchas murallas de ven cubiertas de pintura con colores casi siempre chillones y contrastantes, pero siempre con significados ideológicos claros. Me quiero detener en uno de estos murales. Yo lo denomino “conexión tele” y el autor es un tal Mutay. El tal Mutay lo denomina “espere su turno” y agrega un subtítulo que se halla en varios de sus murales: Parte del paisaje. La historia que se desarrolla en el mural es en dos etapas. La primera muestra una fila de hombres repetidos y repetitivos. La segunda muestra la intoxicación y posterior muerte, de los personajes. Para ver los detalles muestro la foto. También hay un video, que puede ver en el siguiente link.
http://www.orno.cl/v_mutay

jueves, 26 de agosto de 2010

Hiroshima



En plaza Almagro existe una piedra que muestra el rostro de una mujer oriental. En la placa que antiguamente había debajo de la piedra se deducía que la mujer era japonesa. ¿Porqué? La leyenda decía mas o menos así “esta piedra fue traída de Hiroshima y es un resto de la bomba atómica”. Por supuesto, esa placa fue borrada. Va quedando la piedra. Uno puede acercar la mano y jugar a sentir la radiación que aún debe quedar. Encuesté a varios y casi ninguno sabía porqué estaba esa piedra. Muestro la foto.

jueves, 12 de agosto de 2010

Los braseros de Lucifer



No estuve mucho en los braseros, pero si puedo anotar algunas aventuras en él (local). Por ejemplo, la primera vez que invité a mi familia a comer fue a ese lugar. Yo creo que porque era el único lugar parrillezco que conocía. Y que además me subuyugaba por los comerciales que daban en radios AM. Una de las cosas que me llamaba la atención era esa especie de diario mural que había afuera de la entrada, donde colocaban los artistas de “talla internacional” que participaban del show. Ochentero total. Olor a fiesta de toque a toque, olorcillo intenso a represión ochentera. No como ahora, que somos terrible libres. Y en ese lugar se hizo el tremendo esfuerzo de pasarlo bien con una familia con poca costumbre de aquello, pero esa es otra historia.

Hubo una oportunidad peor que esa. Una chica de la que estaba bastante enamorado me dio un leve aviso de que estaba en la U católica. Pallá partí como un gilipollas, siguiendo a la mina. Me tuve que mamar una espera y después terminamos almorzando en los braseros. Cuando subimos la escalera, ella le dice a una de las amigas: esta escalera me recuerda algo. Y se rio con malignidad. Claro, la escalera de los braseros parecía escalera de motel. Lo que me hace deducir que la chica de la que estaba muy enamorado (que además tenía pololo), conocía muy bien el aspecto de las escaleras de motel. Me cayó como patada en la guata.

La última vez que entré fue por accidente. Me encontré en la calle con un vecino y ese vecino me invitó a su casa y después fuimos a la mía a pegar unos guitarreos y después la brillante idea: ir a los braseros a comerse una parrillada tipo 3 de la mañana. Éramos como varios y eso era extraño y gracioso porque fue una idea que salió de la nada produciendo rápido contagio a toda la familia de mi vecino. El amigo partió a una de las mesas a convencer a una mina de que bailara con él, cosa que hizo sin ningún problema. Yo lo seguí y traté de lograr lo mismo con la amiga. Pasó el rato terminé mi parte de la parrillada y me retiré del local.

Meses después, lo que ya se sabe: el local quemándose por culpa de un incendio accidental que todos entendieron como absolutamente intencional, lo que se confirma con la información que me dio un taxista: la dueña, con la plata del seguro se construyó otro local en Providencia. El terreno, además, ya está vendido a una inmobiliaria que mantiene su publicidad instalada en el lugar y detrás de esos enormes carteles las retroexcavadoras trabajan a paso firme. Lo único que puedo decir es que en San Diego ya no queda donde comerse una parrillada, salvo, claro Las Tejas, que es un riesgo desde el punto de vista estrictamente culinario. Ya hablaré de eso en otro apunte.

La foto que incluyo es de hace más de un año. Lamentablemente no tengo ninguna foto de cuando Los Braseros de Lucifer estaban en su apogeo. Actualmente hay una enorme pandereta de metal. También tengo video de las retro (excavadoras) destruyendo los hormigones.
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