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lunes, 11 de junio de 2012

Homenaje en el Caupolicán


El mundo está lleno de situaciones absurdas que ocurren sin que se pueda impedir su desarrollo. Un ejemplo de situación absurda: el homenaje a Pinochet. Como vivo en el barrio San Diego pude apreciar con detalle todos los detalles del acto. Lo primero que debo decir es que mi barrio estaba totalmente intervenido. No soy un experto en medición de multitudes, pero puedo decir que el número de carabineros era enorme. Un operativo fastuoso, como acostumbraba el general. Todos los posibles accesos se hallaban cerrados: San Diego, coquimbo, copiapo, Matta, Zenteno, Nataniel, San Isabel, Serrano, Arturo Prat, Aconcagua, etc etc. En todas las calles que nombro existía importante contingente quienes, a modo de barricada, impedían completamente el paso. Un cuadrante enorme. Lo primero que me pregunto es, ¿cuánto dinero salió la gracia?. No tengo el número, pero nuevamente puedo suponer que no es un número pequeño. Por otro lado, estaban los contrarios al acto. Gente de todas la edades, que enfrentó al frío, al guanaco al zorrillo y a los piquetes con lo que encontró a su paso. Los destrozos fueron muchos, ¿Cuánto dinero es eso?
            Resumiendo: el famoso acto costó bien caro al erario público. Un dinero que financiamos todos los chilenos. Pinochet (que además de dictador y violador de los DDHH) era ladrón, nos sigue robando desde el más allá. ¿Todo porqué? Por el capricho y la obcecación de unos escasos partidarios.
            Esta breve nota no agota el tema ni siquiera es la perspectiva que debiese primar. Pero sin duda, es una de las perspectivas. La foto que adjunto muestra el contingente en Matta con San Diego. Amplíe la foto para verla en toda su magnitud.

jueves, 31 de marzo de 2011

Teatro Esmeralda



La historia de la decadencia de los cines en Calle San Diego es simplemente un melodrama. Uno no suele creer que los melodramas existan. Y la realidad de este melodrama sobrepasa todo lo imaginable. Ahora, por supuesto, yo postulo que las cales solo se transforman y no vale la pena llorar sobre la leche derramada. Porque al final de cuentas fueron los mismos santiaguinos, sus autoridades y sus hechos políticos los que mandaron abajo la actividad tal como se conocía en esa época, la “época dorada”. Los cines actuales pertenecen a empresas extranjeras y todo tiene otro cariz y otra eficiencia. Se habla de San Diego como la “Corrientes” que “se desvió” o que “pudo ser”. En principio, Chile está mejor que Argentina, la economía chilena es “más estable” y los indicadores económicos y bla. Y esa estabilidad se ha hecho a costo de destruir obras que pudieron calificarse de históricas o inclusive de artísticas. La calle Corrientes se mantiene porque el estado argentino subvenciona de manera importante actividades que en Chile no subvenciona nadie. Y por eso el estado actual de los cines de San Diego: convertidos en iglesias evangélicas o en bodegas subterráneas y “de superficie”, como la de la foto. Se trata del muy histórico Cine Esmeralda, construido en la década del 20, con la fastuosidad que se estilaba en esa época. Posteriormente sufrió un incendio, debiendo ser reconstruido adquiriendo un aspecto más modesto: de 3000 butacas, ahora cerca de 2000. Son números que hoy en día suenan increíbles. Neruda era un habitué de ese cine. La foto lo muestra como se encuentra actualmente: es una bodega de insumos informáticos. Como lo pueden ver, aún conserva los rostros de la tragedia y la comedia, como corresponde a su original condición de “teatro”.

lunes, 17 de enero de 2011

Recuerdos del espectáculo

Como dije en una nota anterior, San Diego fue abundante en cines y teatros y de eso quedan señales en varios lugares de la arteria. Uno de los más curiosos se ubica en Aconcagua con San Diego. Es un inmueble enorme que es utilizado como bodega. Alguna vez supe el nombre de ese teatro. Creo que era algo como Carrera o quizá Alessandri. Pero se nota que tuvo un pasado esplendoroso. Lo más llamativo es que queda a una sola cuadra del Caupolicán. Así que no puedo dejar de imaginarme esa época, con dos teatros llenos en apenas una cuadra, además de los cines en Arturo Prat con 10 de julio (hoy abandonado también), el cine San Diego en Eyzaguirre con San Diego y más allá los Braseros, el Tropicana en Nataniel, el Cariola, etc etc. Es decir, una tarde-noche puede haber sido siempre con diversión asegurada. Pero esas caras alegres ya no abundan por San Diego. Para conjurar la depre adjunto la máscara del teatro de San Diego con Aconcagua. Es la máscara de la comedia.
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