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jueves, 18 de abril de 2013

La casa de los ángeles


Hace unos meses vagabundeaba por Serrano y me encontré (o me reencontré, si mal no recuerdo) con una casa muy curiosa. Impresionaba de inmediato, por la gran cantidad de adornos escultóricos hay en su fachada. Sus adornos son básicamente ángeles, si es que quiere interpretarse desde una tradición vagamente cristiana, o simplemente niños desnudos, si se quiere describir de manera pragmática y objetiva. 
      Cualquiera pensaría que una casa con esa cantidad de arte debería estar habitado por artistas. Pero no. Se trata de una antigua casona subdivida internamente en innúmeros espacios, los que son arrendados por esa enorme muestra humana que suele encontrarse entre los que arriendan “piezas” para vivir: solitarios, alcohólicos, fracasados, migrantes (extranjeros y de provincia), a veces algún estudiante, etc. Aunque allí no parecía haber estudiantes.
      Una semana después del re-descubrimiento hice un nuevo examen y el diagnóstico fue peor. En la puerta había una mujer sentada y tenía abrazado a alguien, a un gordo vestido a la moda reguetonera. La mujer tenía un aspecto relativamente decente, bien vestida, pero un poco sucia. El guatón no se veía decente: sangraba profusamente y su sangre estaba repartida. Había un charco en la vereda, otro en la calzada y un tercero en el lugar en que estaban sentados. Alguien pasó y la mujer dijo: “pa que cachis poh...El Pato, quien otro...siempre mandándose cagás”. Los dos personajes estaban ebrios. Efectivamente la mujer tenía un cierto aire de alcurnia, como si el alcohol no hubiese borrado completamente algún pasado esplendor. “Como la casa”, me dije. Empezó a juntarse gente. Algunos con aspecto bastante mafioso. Me retiré del lugar.

lunes, 11 de junio de 2012

Homenaje en el Caupolicán


El mundo está lleno de situaciones absurdas que ocurren sin que se pueda impedir su desarrollo. Un ejemplo de situación absurda: el homenaje a Pinochet. Como vivo en el barrio San Diego pude apreciar con detalle todos los detalles del acto. Lo primero que debo decir es que mi barrio estaba totalmente intervenido. No soy un experto en medición de multitudes, pero puedo decir que el número de carabineros era enorme. Un operativo fastuoso, como acostumbraba el general. Todos los posibles accesos se hallaban cerrados: San Diego, coquimbo, copiapo, Matta, Zenteno, Nataniel, San Isabel, Serrano, Arturo Prat, Aconcagua, etc etc. En todas las calles que nombro existía importante contingente quienes, a modo de barricada, impedían completamente el paso. Un cuadrante enorme. Lo primero que me pregunto es, ¿cuánto dinero salió la gracia?. No tengo el número, pero nuevamente puedo suponer que no es un número pequeño. Por otro lado, estaban los contrarios al acto. Gente de todas la edades, que enfrentó al frío, al guanaco al zorrillo y a los piquetes con lo que encontró a su paso. Los destrozos fueron muchos, ¿Cuánto dinero es eso?
            Resumiendo: el famoso acto costó bien caro al erario público. Un dinero que financiamos todos los chilenos. Pinochet (que además de dictador y violador de los DDHH) era ladrón, nos sigue robando desde el más allá. ¿Todo porqué? Por el capricho y la obcecación de unos escasos partidarios.
            Esta breve nota no agota el tema ni siquiera es la perspectiva que debiese primar. Pero sin duda, es una de las perspectivas. La foto que adjunto muestra el contingente en Matta con San Diego. Amplíe la foto para verla en toda su magnitud.

martes, 3 de abril de 2012

San Diego en el Cine


Aun no tengo claridad respecto del nivel de penetración de la calle San Diego en el cine Chileno. Uno creería que, por tratarse de una calle que tuvo muchos cines, su presencia debía ser amplia. Pero parece que no lo ha sido tanto. De todas formas hay otro hecho no menor: el número de producciones chilenas es bajo, comparativamente hablando. Por lo tanto el argumento podría ser invertido: que un sector de Santiago aparezca retratado en el cine chileno (aunque sea en única película) es un gran logro. Y a San Diego le pasó. Varios sectores importantes del barrio aparecen retratados en la película “Largo Viaje” (Patricio Kaulen, 1967). Nombro algunos: Plaza Almagro, la iglesia de los sacramentinos, alguna fuente de soda de la época, algún misterioso pool de la época, la calle Nataniel, la calle Arturo Prat y la calle Bulnes. También muestra algo interesante y que yo ignoraba: la Plaza Carlos Pezoa Veliz no existía en la época. Había una construcción donde actualmente está esa plaza llena de libros. Otra de las cosas interesantes que muestra la película es la división social que existía: por un lado los ricos, ubicados en Bulnes, por otro lado los pobres (en Arturo Prat) y por último una especie de clase media (los departamentos de Nataniel, donde 2 solteros son vecinos, sin conocerse). Un universo completo en un único barrio. Otro hecho importante: había gran cantidad de sitios eriazos y pedregosos en esa época.


La foto muestra el conjunto habitacional de Nataniel, en el que vivían los 2 personajes solteros, uno de ellos Héctor Duvauchelle. El conjunto sobrevive: la mayor parte ha sido demolido, generando un nuevo sitio “eriazo”, cuyo destino será sin duda la construcción de un edificio en altura.

lunes, 30 de enero de 2012

Antenas


Al costado del Tottus, por Nataniel con 10 de Julio, hay un “conjunto arquitectónico” por llamarlo de alguna manera, donde habitan básicamente peruanos. Parece que algún chileno hay, lo digo por la bandera que hay al medio, una bandera chilena, grande que sale de una de las ventanas. Es un chileno que quiere dejar clara su condición. Abajo hay un cibercafé (peruano) que debe ser lejos el cibercafé más hacinado que he conocido y con los cubiles más chicos. Cabe prácticamente el puro computador. Eso suena coherente de todas formas. Ya se sabe como viven de hacinados lo peruanos. Sospecho que el conjunto arquitectónico debe estar igual de saturado que el cibercafé. Los peruanos pueden construir perfectamente tres piezas en una única pieza. A pesar de ello la tele es el escape a la libertad. Pueden apreciarlo en la foto: la muralla se halla casi revestida de antenas parabólicas. Me recuerda esos hoteles japoneses donde cabe una única persona, en una especie de sarcofago, con harto menos tecnología eso sí, pero la tele al final de la cama es también el valor más importante.

martes, 13 de diciembre de 2011

La legua chica



Parece que toda la ciudad de Santiago tienen un barrio denominado “la legua chica”. Se usa la denominación para barrios narcos, violentos y peligrosos. En el barrio que vivo (en los alrededores del eje San Diego) existe también un sector con esa denominación. La conforman en cuadrante Nataniel, San Ignacio, Aconcagua y Copiapó. Algunas crónicas de los años 50 y 60 lo describen como un lugar “bravo”. Muchos delincuentes de la época se escondían allí y para la policía de la época era batalla perdida hallarlos.


Actualmente, según me han informado algunos pichangueros del parque O'Higgins, es más “nombre” que realidad, aunque alguna vez me asaltaron en Zenteno con 10 de julio y los sujetos (que los seguimos), huyeron hacia la legua chica. En otra oportunidad con un vecino fuimos comprar cervezas, pero estaba cerrado. Le propuse ir al "cuadrante". Me miró con cara de pánico. “Yo no me meto ahí”, dijo. De todas formas, la construcción de edificios ha ido lentamente reduciendo su territorio.


La foto que adjunto se halla en las intersecciones de San Ignacio con Coquimbo y señala el límite más al oeste de la legua chica. Se ve que aun conserva algo de bravura. El sujeto de la foto venía en mi dirección cuando me sorprendió sacando fotos. Tenía un socio sin bicicleta. Por suerte el perro de la foto lo atacó. Otro perro hizo lo propio con el acompañante. Así que se recomienda estar atento.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La calle de las putas



Sin ánimo de caer en una idealización irresponsable, me lanzo a escribir sobre la intersección de Santa Rosa con Eyzaguirre. Al que se anime a pasearse por esas ignotas regiones del barrio San Diego, le pasará algo: le subirá el ego. Porque de las casas de Eyzaguirre un grupo de mujeronas de alguna edad, le gritarán invitaciones, silbidos y cosas como “se le perdió algo mi niño. Venga a pasar la pena por acá”. Eran prostitutas que por 5 lucas ofrecían llevarlo a uno a las piezas de más adentro. La escena no era fácil de digerir si es que no se está acostumbrado. Alguna vez hablé con un taxista del sector y me dijo que era una especie de botadero de putas. Pasé un par de veces por allí, pero no estaba lo suficientemente desesperado como para recurrir a sus servicios.


Hace un par de semanas pasé de nuevo por ese lugar. El estado de la esquina me impresionó. Las casas habían dejado de existir salvo una. Una única mujer que ofrecía su cuerpo sentada en la puerta de su casa, lanzado piropos a los tipos solos que se aventuraban por ahí. El resto era ahora un terreno plano y sin restos de capa vegetal. El destino era evidente: se construiría allí un nuevo edificio de gran altura. Me imagino lo fácil que fue para la inmobiliaria comprarle la casa a estas mujeres, casas avaluadas en 10 millones o menos. Pienso en esa mujer que decidió no vender y mantener el oficio. ¿Porqué? ¿Porqué rechazar esos millones? ¿Sabrá que en unos meses más el lugar se llenará de obreros? ¿Sabrá que en el día el lugar se volverá irrespirable con la entrada y salida de camiones con material? Es posible que la mujer intenté hacer su negocio con los obreros. De momento, muestro la foto de más arriba.
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