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lunes, 11 de marzo de 2013

Reciclaje en la Central


Una de las cosas que se han puesto de moda en el ultimo tiempo, son las actitudes bienintencionadas respecto del medio ambiente. Es una moda que apoyo absolutamente. Y por lo mismo he pasado a la acción, reciclando algunas cosas. Mi mujer también se ha aficionado a reciclar. Cuando se está con eso, la primera pregunta que surge es ¿qué hacer con lo reciclado? Ante todo, lo reciclado es algo que se salvó de ir a la basura normal. Por lo tanto queda acopiado en algún lugar de la casa. Obviamente, en algún momento debe dejar de estar acopiado y pasar a la siguiente etapa de la cadena: reutilización el material. Entonces, si uno tiene, por decir, acopiado plástico, hay que conseguir un lugar donde te los reciban.
            Lo anterior, que es la ruta lógica del reciclaje, lo pongo con claridad quizá excesiva por un motivo simple: puede ser un cacho que te reciban, por decir algo, tus plásticos. Alguna vez recorrí media ciudad buscando donde recibieran pilas. Claro, los contenedores de pilas están ubicados en Chicureo, en Av. Las Condes a la altura del 14 mil, los Trapenses, etc, es decir, a la concha de la lora. En eso estábamos cuando descubrimos que la Universidad Central tenía contenedores de papel, vidrio y plástico. Dijimos “ese es el lugar”. Mi mujer estuvo yendo cada 2 semanas a dejar plásticos allí. Hasta que un día no la dejaron entrar. Una guardia le cerró la entrada, mientras gritaba hacia otro guardia que estaba más adentro: “esta es la señora de los plásticos, ve, si yo le dije, viene a cada rato”. La situación fue francamente inaudita. Tres contenedores que, evidentemente, estaban casi vacíos, eran custodiados por unos guardias que impedían el uso para el que fueron creados. Es probable que se tratara de guardias flojos, coludidos con una universidad que quiere poner el símbolo del reciclaje, para subir sus bonos ante el lobby educativo, pero sin que eso signifique llevar a cabo la medida. “No hay que ser fanáticos”, dirán. Adjunto la foto de los contenedores. De todas formas, hace algunas semanas dejé de verlos.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Ratones


Toda la ciudad tiene ratones. He escuchado varias estadísticas al respecto. Algunos los estiman en 3 ratones por persona y otros llegan a la fabulosa cifra de 7 ratones por persona. ¿Donde están esos millones de ratones?: en las rendijas, en las grietas, en las alcantarillas. Como se sabe, los barrios viejos son muy abundantes en alcantarillas y rendijas, por lo tanto, gran parte de la población ratonil debe estar en los barrios viejos. Yo he visto muchos, siempre de noche. En mi propia casa se escuchan rasquidos bajo las tablas. En otras oportunidades he visto ratas cruzando la calle, subiendo alguna fachada o corriendo por el parque. A veces se les ve simplemente muertos, como el de la foto.
            Quiero contar una anécdota para ilustrar el punto. En una oportunidad estábamos con mi mujer conversando en la plaza. Una mina que iba pasando (bastante atractiva), nos dice: “tengan cuidado chiquillos porque de los árboles caen ratones”. Pensamos que se trataba de una loquita. Mucha tele, mucha pastilla o ganas de molestar a la gente. La vimos alejarse. Un par de minutos después cayó un ratón a nuestros pies. Nos vio y orrió hacia el tronco del árbol para subirse de nuevo. En conclusión, los árboles de los barrios viejos deben ser abundantes en ratones. ¿Cuántos ratones por árbol?. Ignoro esa estadística.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Urge reciclaje electrónico

En San Diego, entre Coquimbo y Matta está el ya famoso sector de los computadores. Un sector bullante, lleno de vida, movimiento y sobre todo de clientes. Ese sector no siempre se dedicó a los computadores porque los computadores son un negocio relativamente reciente. Antiguamente esas cuadras estaban dedicadas a la electrónica. Casa Keim, casa Musa y Transformadores Mora sobreviven de esa época.
            El agitado movimiento ha traído una consecuencia lógica e inmediata que aun no es aquilatada en toda su magnitud por las políticas públicas: los desechos electrónicos. En las veredas, apoyados casi siempre en árboles, es posible ver el más amplio surtido de restos: pantallas, carcazas, cajas, tarjetas madre, memorias, discos duro, etc. En el patio interior de la Galería Sur, por ejemplo, es común ver acopios de esos desechos. Ignoro si existe una política de reciclaje o de botadero especializado por parte de los locatarios. Me parece dudoso y ojalá me equivoque, pero mi pesimismo es extremo es esas materias. ¿Quién trata en Chile chatarra semejante?. La foto que adjunto muestra uno de esos acopios. La foto está sacada desde la entrada trasera de la Galería Sur, por Zenteno con Aconcagua. Notar que hay multa por botar basuras.

martes, 8 de mayo de 2012

Ecologismos mula

Hay algunos pelotudos que juran que son ecológicos. Se van a vivir a sectores donde puedan estar “en contacto con la naturaleza”. En general a la precordillera. Se supone que eso es “ecológico”. Craso error. Los proyectos inmobiliarios en la precordillera han sido pésimos para el ecosistema. La existencia de un grupo de sujetos en los faldeos de los cerros de Peñalolen, La Reina o Lo Barnechea, requiere agua y toda una infraestructura. Equivale a esparcir la ciudad y el hormigón más y más allá, invadiendo lo salvaje para acomodarlo al gusto del hombre. ¿Entonces? Hay algo que afecta mucho menos al ecosistema: utilizar una casa “reciclada” (usada) del centro de Santiago. El impacto es menor porque el gasto y la intervención se hicieron hace 500 años, cuando la ciudad fue fundada. Además, no se requiere automóvil. Con la bicicleta basta y sobra para ir a todas partes. Por lo tanto, los ecologistas del faldeo son unos invasores inconscientes y quizá inconsecuentes. Los habitantes de la ciudad son los auténticos ecologistas. ¿El problema? Puede ser más contaminante para el habitante. Por lo tanto, los que escapan a la precordillera buscan mantenerse limpios ellos. Pecan, ni más ni menos, que de egoísmo.
            Pues bien, la habitación reciclada por antonomasia es el cité. Aquí les dejo la foto del que habito yo.

jueves, 20 de noviembre de 2008

El amigo árbol


Entre Eyzaguirre y Santa Isabel, por San Diego, hay una cuadra que en otra época fue bastante soleada. Y en esa cuadra había escasos árboles. Para ser exactos: dos árboles. Ninguno de ellos era regado con mucha regularidad. Recuerdo más de alguna vez que el camión aljibe llegaba hasta Eyzaguirre y seguía de largo hasta la plaza almagro. Como siempre los automovilistas los usaban de basurero, costumbre extraña esa que asocia al árbol con la basura. Esa relación es bastante contradictoria, pero creo que nadie se ha sentado a meditarla.

Yo vivía con una chica en ese tiempo, la única chica con la que he vivido. Cuando le dije lo del árbol tuvo la idea de regarlo cada tanto. Era una cosa un poco estúpida porque era un árbol pequeño y bastante maltratado. “Si por lo menos tuviera agua”, pensábamos, “aumentarían sus probabilidades de salir adelante”. Empezamos a regarlo con botellas y luego me compré un bidón de 10 litros. La gente nos miraba rarísimo por eso. A mí me daba un poco de vergüenza, pero cuando el arbolito empezó a mejorar un poco y a tirar algunos brotes recuperé algo el aplomo.

En la historia que yo tenía con esta chiquilla cosas como esas eran fundamentales. Eran parte de los rituales del amor, era un poco como eso. Esas excentricidades nos hacían creer que éramos una pareja especial y yo sentía, a veces o casi siempre, que éramos una especie de protectores del barrio. Como todas las cosas, se acabó, y lo primero que pasó fue que ella dejó de acompañarme a regar el árbol. De pronto un día ese árbol ya no estuvo más. Alguien se lo robó parece, porque ya estaba más lindo y ahora daba más respeto a los automovilistas. Sospecho que ahora se notaba que había un árbol allí.

Ahora han pasado cosas en esa cuadra. El terreno que estaba allí (lo usaba la universidad central para hacer “experiencias” con hormigón) fue reconvertido en un recinto para los deportes en la U Central. El espacio vacío dejado por el árbol fue llenado con alguna demora, por otro más robusto. Con la nueva construcción esos dos árboles tienen más sombra durante el día. Parece que el camión aljibe los riega más seguido que antes.
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