Pablito también escribió sobre la calle San Diego. De hecho, le compuso una oda. Acá va para que le echen un vistazo. A mí me sorprende que esta calle haya causado inspiración a un famoso.
Por la calle / San diego / El aire de santiago / Viaja al sur majestuoso / No viaja en tren el aire.
Va paso a paso/ Mirando Primero las ventanas, / Luego los ríos, /Más tarde los volcanes.
Pero,/ Largamente, / En la esquina / De la calle alameda / Mira un café pequeño / Que parece / Un autobús / Cargado de viajeros. / Luego viene / Un negocio / De sellos, timbres, / placas. / Aquí se puede / Comprar en letras blancas / Y fondo azul bruñido / El título / temible “dentista”. / Me deslumbra esta tienda. / Y las que siguen tienen / Ese arrebato / De lo que quiso ser / Tan solo transitorio / Y se quedó formado / Para siempre. / Más lejos / Venden / Lo imaginario, lo inimaginable, / Útiles espantosos / Incógnitos / bragueros, / Endurecidas / Flores de ortopedia, / Piernas / Que piden cuerpos, / Gomas enlazadoras / Como brazos / De bestias submarinas.
Paso mirando puerta./Atravieso / Cortinas, / Compro pequeñas / Cosas / Inservibles.
Soy el cronista errante / De la calle san diego.
En el numero 134, / La librería araya / El antiguo librero/ Es una piedra, /Parece el presidente / De una republica / Desmantelada, / De una bodega verde, / De una nación / lluviosa / Los libros / Se acumulan. / Terribles / Paginas que amedrentan / Al cazador de leones. / Hay geografías / De cuatrocientos tomos: / En los primeros / Hay luna llena, jazmines de archipiélagos: / Los últimos volúmenes son soledades: / Reinos de nieve, susurrantes renos.
En el siguiente número / De la calle / Venden pobres juguetes, / Y desde puertas / próximas / La carne asada / Inunda / Las narices / De la crepuscular ciudadanía. / En el hotel que sigue / Las parejas / Entran con cuentagotas: / Es tarde / Y el negocio / Se apresura: / El amor busca plumas / Clandestinas. / Más allá venden catres / De bronce deslumbrante, / Camas descomunales / Construidas / Tal vez / En astilleros. / Son como / Eternos barcos amarillos: / Deben salir de viaje, / Llenarse / Con nacimientos y agonías. / Toda la calle espera / La ola del amor y su marea. / En la ventana / Que sigue hay un violín / Roto, / Pero encrespado en su dulzura / Del sol abandonado. / Habita esa ventana / Incomprendido / Por lo zapatos que se acumularon / Sobre él y las botellas / Vacías / Que adornan su reposo.
Ven / Por la transmigratoria / Calle / San Diego /De Santiago de Chile, / En este año: / Olor a gas, a sombra, / Olor a lluvia seca. / Al paso / De los obreros que se desgranaron / De los agonizantes autobuses / Suenan / Todos los tangos en todas las radios / En el mismo minuto.
Busca conmigo / Una copa gigante, / Con banderas, / Honor y monumentos / Del vino y de la patria cristalina.
Mitin relámpago.
Gritan / Cuatrocientos obreros / Y estudiantes:
Salarios
El cobre para Chile! / Pan y paz!
Que escandalo!
Se cierran / Los negocios, / Se oye / Un disparo, / Surgen de todas partes, / Las banderas.
La calle / Corre ahora / Hacia arriba, / Hacia mañana: / Una ola / Venida / Del fondo / De mi pueblo / En este río / Popular / Recibió sus afluentes / De toda la extensión del / Territorio.
De noche, /La calle / San diego / Sigue por la ciudad, la luz la llena. / Luego, / El silencio, / Desliza en ella su navío.
Algunos pasos más: / Una campana / Que despierta. / Es el día que llega / Ruidoso, / En autobús desvencijado, / Cobrando su tarifa matutina / Por ver el cielo azul / Solo un minuto, apenas un minuto. / Antes de que las tiendas, / Los sonidos, / Nos traguen y trituren / En el largo intestino / De la calle.