Arqueología de una calle mágica, por Ricardo Chamorro. Fue el campo de experimentación del libro homónimo.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
lunes, 3 de agosto de 2009
Tiendas de ropa en San Diego

Antiguamente había tiendas que tenían otra lógica y otro tamaño. Puedo recordar ahora, tiendas como “la africana” que anunciaba “africanícese señora, africanícese señor”. Era un anuncio que se daba en radios AM. Otras tiendas de emisión en AM eran La Mendocina (la publicitaba Alodia Corrales), Guendelman y Cocilamp. Estas tres últimas tenían sucursales en San Diego. Sobre todo Cocilamp que tenía por lo menos cuatro tiendas entre Tarapacá y Cóndor. Ya no existe y supongo que se la llevó alguna quiebra. A mí me tocó ver la lenta decadencia que ocurría día tras día. Terminó siendo una única tienda que vendía los restos que quedaron de otros lugares. Una tienda de cachivaches. El tipo que la atendía siguió manteniendo algunos simbolismos de la tienda, como el genio que salía de la lámpara. Debemos recordar que Cocilamp era “el genio del crédito”. Sin embargo, los cachivaches que aún conservaban los precios de la tienda eran “invendibles”: máquinas de escribir electrónicas, computadores atari, cajas de CD 5 ¼. A mi me daba profunda depresión ver al sujeto, quizá algún oscuro funcionario de la tienda, convertido de pronto en acreedor que recibe ese “resto” como paga luego de la quiebra. Un sujeto que mantiene la esperanza de vender algo. No sé si lo habrá logrado. Una vez me interesé por un sillón que tenía. Estaba carísimo. Meses después desapareció.
De las tiendas de ropa que había en San Diego ya casi no queda ninguna. Ripley se fue hace como un mes. Corona se fue. La Mendocina, Guendelman y Cocilamp se fueron. Hay una que sobrevive de manera muy extraña. Incluso ha crecido. Se llama Dansel. Queda en 10 de Julio con San Diego. No entiendo por qué. Una vez entré a comprarme unos zapatos de fútbol. Me dio la impresión que la tienda estaba llena. Pero casi todos eran funcionarios. ¿Cómo sobrevive es la pregunta que me he hecho? Una tienda que no conoce nadie, y sin embargo Iturra y Waldo Ponce posaron en carteles de Dansel. Una ex polola tenía la teoría que se trataba de un lugar de lavado de dinero. Yo tenía la teoría de que era una tienda de provincia que mantenía esta sucursal en Santiago por orgullo provinciano, pero la mayor parte de su ventas las hacía fuera, que sé yo en Molina o Cumpeo. Esa vez que cuento, cuando fui a comprar mis zapatos de fútbol, miré el catálogo de la tienda. Comprobé que era la única sucursal. Aproveché de recorrerla y estaba muy bien surtida. Puede ser que mi ex tuviese razón en algo.
lunes, 13 de julio de 2009
El vagabundo de los disfraces

Todos los barrios tienen sus vagabundos. El mío también tiene los suyos. Recuerdo algunos muy excéntricos y que tuvieron algo de fama en otro tiempo. Uno clásico (hasta el 2001 quizá) era un sujeto que se disfrazaba de los más diversos personajes y sus disfraces no dejaban de tener su cuota de ingenio. Lo vi disfrazado de Rambo, de rafaella carrá y de viajero espacial. Según entiendo, como rafaella carrá fue a un programa de televisión, quizá Sábados Gigantes, ya saben como profitaba el guatón con las clases populares. La fama ayudó al sujeto a conseguir un incipiente y freak trabajo: se paraba afuera del Colt 70, antigua tienda de cassetes que tenía sucursales en la cuadra de los braseros y otra entre Eleuterio Ramírez y Tarapacá. En la de Tarapacá se ponía a realizar su pantomima disfrazado de rafaella. No supe sino hasta que se disfrazó de rambo que los materiales los obtenía de la basura. De hecho, una vez lo vi hurgando en Aconcagua con Zenteno, atrás de las tiendas de electrónica. Buscaría material para inspirarse, supuse.
Años después me tocó verlo en Nataniel con Coquimbo: estaba en el suelo, disfrazado de Rambo y gritando un dialogo delirante. El tipo tenía una metralleta en la mano. Me contaron que se disfrazaba de Marciano y se conectaba a las tapas de alcantarillado, afuera del Cariola. Al final andaba casi sin ropa, por los alrededores de Las Tejas que son también los alrededores del Cariola. Y de pronto, como pasa siempre con los vagabundos, no lo vi más y no supe que alguien lo volviera a ver. Así que no tengo imagen del sujeto, pero agrego la foto del último lugar en que lo vi. Si alguien sabe algo, más datos, ruego información como dice la canción.
viernes, 3 de julio de 2009
Robo en Armería Italiana
El otro día estaba viendo tele y me encontré con una noticia sobre San Diego. Una de las “tiendas racimo” que caracterizan al barrio es la relacionada con las armas. Están principalmente en la calle Bulnes. Eso porque en alameda con Zenteno se halla el ministerio de defensa. En San Diego con Tarapacá hay otra. Se trata de la Armería Italiana. De esa tienda justamente hablaba la nota. En definitiva, la habían robado. Habían robado las armas que mantenía en vitrina, un arsenal importante de pistolas a fogueo y rifles de aire comprimido. Las armas con balas de verdad, las calibre 38 y las mágnum, etc, las mantenía en una bodega a la que no tuvieron acceso los ladrones.
Para entrar, los sujetos habían practicado un boquete desde un motel que queda al lado. Es un motel muy viejo, y se ve (de hecho) en estado de total decadencia. No sé qué clase de gente pernoctará en él, pero no creo que sea lo más granado de la sociedad. Desde una de sus habitaciones practicaron el boquete.
Recuerdo que hace mucho más tiempo, hará un par de años, leí sobre un pastabasero viejo que se enamoró de una brasileña y fue medianamente correspondido. Se fueron a vivir ahí durante un par de meses, luego que el pastabasero tuviera suerte en un robo. Finalmente la mujer apuñaló al pastabasero y nunca se supo de ella o por lo menos yo no supe más.
Para mejor conocimiento la foto muestra los dos establecimientos que cito.
martes, 30 de junio de 2009
El paco Rivano
No conozco directamente a Rivano. Hay gente que lo estima mucho. Se supone que es uno de los grandes, o al menos uno de los pocos escritores de teatro que hay en Chile. De él no sé más de lo que saben todos. Rivano perteneció a carabineros y desde su retiro que se dedica a la dramaturgia. No tiene muy buen carácter don Luis. Hay varios que le llaman “El paco rivano” con una mueca de desprecio. Luis Rivano tiene una librería (o tiene varias, más bien) cuyo asentamiento es la calle San Diego. Tiene una sucursal en el mall chino, ex mall de Ravinet. Me da la impresión, sin conocer el caso de cerca, que el empresario de Luis Rivano es el hijo de éste. El otrora paco Rivano es un caballero gordo, muy canoso, bien vestido, etc en medio de una librería extremadamente desordenada. Cuando yo era más pendejo y estudiaba en el Borgoño, me tocaba pasar por ahí. Casi siempre entraba. El polvo y el desorden eran descomunales, sobre todo porque se trataba de un espacio pequeño. Después, alguien le financió los actuales casilleros (el hijo supongo) que conservan algo del desorden anterior. Yo hace mucho que no entro. Creo que poco después de la “modernización”.
lunes, 15 de junio de 2009
Un casi asalto afuera del Mall de Ravinet
Esa noche veníamos de lejos, de estación Central. Mi mujer de esa época estaba ebria. A mi me molestaba verla así en la micro, verla con esa torpeza que te da el alcohol. Cuando nos toca bajarnos, ella no quería bajarse. Empezó a hacer escándalo, que la dejara tranquila y no sé que más. Al final logré convencerla. Cuando estuvimos en la calle, todo me olía un poco mal. La calle estaba oscura y mi mujer caminaba apenas, y no hacía caso a las mínimas precauciones de seguridad que uno debe tener en esos casos. En Alonso Ovalle con San Diego una pandilla de pendejos empezó a acercarse mucho. Nos querían cagar. Mi mujer no estaba ni ahí, no se daba cuenta de nada.
- Camina más rápido, le dije. - Tu no tienes ningún derecho a decirme qué hacer. - Camina más rápido y no hagas más show.
No hubo caso. Se nos pusieron dos pendejos adelante y dos atrás. Encerrona total. Los de adelante se dieron vuelta y quedamos rodeados. Antes de decir cualquier cosa yo me fui al cuello de uno de los tipos, intentando ahorcarlo, pero rápidamente me lo quitaron y empezaron a patearme. NO eran patadas muy fuertes. Los pendejos no tenían mucho músculo. Mi mujer se interponía y estorbaba en la pelea. No había manera de ganar. A ella le quitaron su bolso. Yo no llevaba nada. En ese tiempo no eran tan habituales los celulares. Ninguno de los dos teníamos celular y a ellos no les pareció raro. Después, me fui detrás de ellos. Quería parlamentar para que me devolvieran el bolso. Me fue bien, me lo devolvieron. Pero me gritaron, “lo hacemos por tu mina, no más. No por vo, pobre güeón gil”. Me sentí mal todo el camino de regreso, habiéndome comido sus patadas por que ésta mujer no era capaz de caminar. Para más rematarla, me gritaba que por mi culpa nos habían asaltado. ¡Pero si nos quitaron nada!, le gritaba yo. Más encima yo fui el más perjudicado. Pero no había forma de convencerla. Para ella, esa noche y toda la semana yo fui un pobre gil.
lunes, 18 de mayo de 2009
Evangélicos en San Diego

El aumento de comunidades evangélicas es un hecho comentado en los medios. El aumento de comunidades es muy claro cuando se recorre el barrio San Diego. Antiguamente San Diego y sus alrededores albergaban muchos cines. Esos espacios aún existen, pero se han transformado en iglesias. La naturaleza del credo evangélico no es centralizada como ocurre con los católicos. Tampoco requiere lujosas catedrales. Cualquier pastor puede dedicarse a la prédica en casi cualquier lugar. Los cines olvidados son el lugar ideal: poseen escenario, butacas y buena acústica. Elementos esenciales para adorar al pulento.
Un caso emblemático es el antiguo cine San Diego, ubicado en la intersección de San Diego con Eyzaguirre. No conozco la fecha de cierre, pero si recuerdo que por años era la discoteque Planet. Lucía una ornamentación metálica que le daba toda la rudeza del acero. Locuras de los publicistas discotequeros. Actualmente es el ministerio evangelístico ”Cruzada de poder”.
Son curiosos los nombres de estas iglesias. En Arturo Prat con Cóndor existe otra que se llama “la iglesia del aire”. Otra, de la que solo queda un cartel abandonado, se llamaba Miel.
Hace un tiempo, una de estas iglesias saltó a la fama mediática. Se suponía que en su interior llovía oro, según anunciaban fervorosamente sus fieles. De todas formas, la municipalidad estaba por caducarle el permiso. No habían pagado el arriendo en varias semanas y los ruidos molestaban a los vecinos. Si la quiere visitar, se encuentra en San Diego con Coquimbo.
Estos fervientes seguidores de la fe de Cristo Jesús, se les puede ver especialmente los domingos recorriendo San Diego. Impecablemente vestidos, las mujeres algunas muy hermosas, pero con vestidos hasta el tobillo no permiten fantasear nada sexual. De todas formas yo fantaseo igual. Mas de alguna vez me ha tocado que una de estas jóvenes evangélicas haya golpeado mi puerta y yo les he abierto por motivos puramente hormonales. Trato de convencerlas de la superioridad de la religión del hedonismo y convertirlas a mi credo.
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